Blockchain y su potencial para transformar radicalmente la Universidad

April 12, 2018

 

Puede debatirse hasta qué punto la educación forma parte del sistema de industrias culturales en nuestras sociedades, calificadas tanto como sociedades del conocimiento, como sociedades del ocio o el entretenimiento. Lo que es cierto es que ya no cabe proyecto o programa educativo en que el principio didáctico no esté incluido en la lógica de la economía de la atención: si no se captura la atención de los estudiantes y, con ello, se atrapa a los propios estudiantes, difícilmente se sostiene una propuesta de educación. Es decir, la educación parece funcionar de manera muy parecida a como lo hacen las concreciones de la industria cultural y de la comunicación.

 

No faltan críticos a esta propuesta que, en lugar de asumir los cambios y tomar cierta ventaja competitiva, lo que hacen es generar elitistas discursos críticos en los que cualquier pasado fue mejor, utilizando términos como la banalización o, incluso, la mcdonalización de la educación (y de la cultura en general). Pero, siendo importante, dejemos parcialmente a un lado este debate, que retomaremos otro día. Baste recordar aquí al gran Bourdieu como, en su concepto de capital cultural, pueden convivir tanto la inversión formativa, como el consumo de productos culturales, ya que, distanciándose de los contenidos respectivos, lo importante es la dinámica estructural, de clases, en la que se insertan ambas prácticas.

 

Hoy estoy interesado en hablar de algunas de las implicaciones que tendría el uso de Blockchain en una concreción tan relevante del sistema educativo como es la Universidad, actor principal en esa sociedad del conocimiento (y del entretenimiento), que conforma la sociedad de la atención, pues: SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO + SOCIEDAD DEL ENTRETENIMIENTO = SOCIEDAD DE LA ATENCIÓN. Al igual que ocurre con otras áreas de las industrias culturales, Blockchain puede transformar radicalmente la Universidad.

 

Como estamos manteniendo, la Universidad, como la educación en general, parece funcionar igual que el conjunto de la industria cultural. Pero el sistema educativo funciona también con particularidades notables. Diferencias que llevan a la duda de si son tan relevantes como para marcar distinciones, establecer líneas que hacen de frontera con esas otras industrias culturales. Y es que el sistema educativo emite títulos, con mayor o menor valor en función de cómo son reconocidos por la sociedad en general y el mercado laboral en particular. Siendo aquí donde Blockchain puede tener una incidencia radical, tanto por la capacidad que tiene para gestionar la lógica reputacional, como, y es aquí lo que quiero resaltar, para garantizar la veracidad de los títulos.

 

En plena crisis del caso Cifuentes, donde muchos indicios apuntan a irregularidades en la expedición de un título de máster universitario oficial del que hace ostentación la política conservadora, es evidente la significante aportación que puede tener Blockchain en el registro de todo movimiento que pueda tener un estudiante a lo largo de su trayectoria en una institución educativa. Cada cambio en la situación del estudiante queda controlada por miles de ordenadores, por lo que no cabrían las correcciones a hurtadillas, sospechosas y de forma retroactiva de tal trayectoria.

 

Además, podría observarse, en todo momento, qué cambios se han producido y todos los aspectos inherentes a tales cambios. La trazabilidad y, por lo tanto, la transparencia se acercarían a la completitud. Como un smart contract desde el principio, cuando se matricula el estudiante, hasta el final, cuando obtiene el título, comprobable públicamente y, a la vez, respetando la debida protección de los datos. El estudiante puede mostrar, así, en qué momento del recorrido formativo se encuentra. El ex estudiante, si ha colmado con éxito todo el recorrido. Vamos, no hubiera habido caso Cifuentes, ni la patética imagen de una institución a la que se exige buscar lo inencontrable, como un TFM. Si hubiera existido este trabajo, constaría su presentación y, tal vez, aprobación, en el ledger.

 

Todo esto que estoy diciendo, ya lo están poniendo en marcha en la Universidad de Oxford. Conscientes del cambio radical que se está gestando en esta secular institución, han bautizado al proyecto de Primera Universidad Blockchain como Woolf University, caracterizada por la automatización de los procedimientos administrativos. Es más, el horizonte es una Universidad sin personal administrativo, pues se hace innecesaria la intermediación, de manera que todos los recursos pueden dedicarse plenamente a la docencia y la investigación. Aspectos como el control de las acreditaciones, la matriculación, las calificaciones a lo largo del proceso formativo, etc. quedan registrados sin que nadie pueda modificarlos. Las prácticas del estudiante quedarían asimismo registradas, desde el momento en que se proponen, hasta su constatación como pruebas superadas, a partir del consenso entre profesor y estudiante, realizando ambos el click que daría paso a la siguiente fase en el smart contract.

 

Como se puede vislumbrar, no sólo se lograría una Universidad más eficiente, con menos intermediarios, y más transparente, sino que el propio proceso de aprendizaje y formación se convierte en un camino continuo. Ya no es el modelo en el que el profesor desgrana una materia, que ha de sembrar acumulativamente en el estudiante, hasta brotar en forma de examen al final de la estación, como si se tratase de un ciclo metabólico. Tampoco es un: “aquí está lo que hay que estudiar para el examen, que tendrá lugar dentro de tres o cuatro meses”, como ocurre en el modelo (aún) fordista de las universidades a distancia.

 

Claro está, este tipo de aprendizaje cobra sentido desde un buen diseño de la estrategia de formación, entrando en el detalle de los distintos pasos, hasta obtener los objetivos de aprendizaje finales. Es decir, un trazado claro de trayectorias. De lo contrario, siendo uno de los riesgos que se están barajando, puede intensificarse la tendencia a la microfragmentación del aprendizaje, con acumulación de pequeños esfuerzos de aprendizaje, tal vez sin sentido. Una tendencia que ya se aprecia con los MOOCs: se suman pequeños cursos, de las más variadas materias, por parte de los estudiantes, con el peligro de que no conformen un conocimiento articulado alrededor de una materia o campo disciplinar concreto. A su vez, hay que tener en cuenta que la figura de las profesiones, que es lo que justificaba en buena parte esa coherencia curricular, experimenta una transformación sin precedentes. Pero bueno, esto también lo dejamos para otro día.

 

*Javier Callejo es catedrático de Sociología en la UNED

 

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